Vellido

De nuevo tenemos que conectar con Madrid para hablar con un gavanense que tiene buenas noticias. Llamamos a casa de Juan Carlos Vellido, amable y dispuesto como siempre, ha sido muy fácil poder encontrar un momento para charlar y le encontramos muy contento por su primera nominación al Goya.

¡Por fin llegó la primera! ¿Cómo estás, ya en capilla?

Muy feliz, muy contento y muy satisfecho con el trabajo realizado y con la visibilidad que ha tenido la película, a pesar de que es nuestra única nominación. Estamos un poco en desigualdad de condiciones con las otras cuatro grandes películas que tienen bastantes más nominaciones, pero aún así ilusionado y muy feliz.

Tienes de compañeros de nominación a Martxelo Rubio, Jose Coronado, Álex Brendemühl y Hugo Silva…

Bueno, tampoco hay que ver esto como una competición. Somos compañeros de profesión. Esto no es más que un premio y hay que tener en cuenta que los premios son subjetivos y yo me siento premiado con la nominación. Ya me sentí premiado en primer lugar cuando me llamó Gerardo Herrero para hacer la película. Y luego también tengo un Goya de cartón que pone “Goya al mejor papá” que me regaló mi hijo. (ríe)

¡Ese es el más importante!

Es que el gran premio es continuar trabajando, que te llamen para seguir haciendo películas, series, obras de teatro… Poder desarrollar una profesión que, a veces, es muy insegura.

La nominación es como actor de reparto, pero en “Bajo terapia” se puede decir que los seis sois protagonistas…

Sí, posiblemente es la película más coral de la de toda la cosecha de cine español de este año. Al final también tiene su trampita porque cuando se proponen las candidaturas lo hacen pensando en la posibilidad de conseguir nominaciones. Entonces, las oportunidades que podíamos tener en interpretación eran bajándonos todos a reparto, que no deja de ser una cosa anecdótica.

Esta nominación imagino que también te hace especial ilusión, porque es una obra que has hecho en teatro anteriormente…

Sí. Daniel Veronese vino a Madrid a montarla y ahí estaba yo, haciendo el personaje de Roberto, el mismo que hago en la película. Gerardo Herrero siempre tuvo claro quería contar con conmigo para ese papel. Y siempre se lo he agradecido, porque si hay una cosa importante a la hora de realizar tu trabajo es contar con la confianza absoluta del director, porque eso te pone en una situación de poder volcarte sabiendo que el jefe te sostiene. La verdad es que ha sido un placer de rodaje.

Decís que habéis hecho mucha piña…

Rodamos en Pamplona y durante toda la primera semana estuvimos ensayando de una manera muy relajada. Mientras el equipo iba montando, nosotros nos centramos en el guion y en cómo interpretarlo mejor. Y después de eso ya fueron tres semanas de rodaje de manera cronológica. Y, claro, el hecho de llegar por la mañana los seis y luego irnos los seis juntos hizo que hubiese una unión muy grande. Además, cuando estás rodando fuera de casa todavía es más fácil hacer amistades. Luego, si a eso le añades que estás en Pamplona, que es una ciudad muy viva, muy divertida, en la que se come muy bien… pues todo ayuda.

Nada que ver con Piratas del Caribe, por ejemplo. ¿No?

Bueno, ahí realmente lo de hacer piña con el equipo era complicado (ríe). Éramos más de 500 personas. ¡Cómo para ir a cenar juntos!

Hay quien toca esa locura que es Hollywood y le gusta. Y otras personas que salen espantadas y no vuelven. ¿Tú cómo lo viviste?

Pues como una fiesta absoluta, como otro premio. Me lo pasé muy bien, disfruté mucho y me hizo mucha ilusión. Ojalá me toque volver a trabajar fuera porque la verdad es que es muy divertido y muy enriquecedor, también, trabajar en otro idioma. Y los americanos te cuidan mucho y muy bien. Te lo ponen todo muy fácil para que des lo mejor de ti mismo. Supongo que deberíamos aprender de aquello.

Miremos hacia atrás. ¿Me han dicho que llegas a la interpretación por casualidad?

Sí. En una obra amateur que ni siquiera recuerdo cuál era me preguntaron si quería hacer un papel. Y dije que sí. Y el veneno del teatro se me metió dentro. A veces uno tiene la sensación de que hay cosas en la vida que no dejan de ser casuales pero que, de repente, te ponen en un lugar, te encaminan.

Porque tú ibas para músico…

Pero la vida tiene su propio plan. Para mí, por ejemplo, cruzarme con Candela Peña fue muy importante. Porque fue ella la que me animó a continuar formándome en la escuela de Nancy Tuñón. Y ahí sí que empiezo a hacerle sitio a los sueños de convertirme en actor.

Hay un momento en el que decides que te tienes que ir a Madrid. ¿Ese paso es necesario si se quiere trabajar de actor o de actriz en España?

Posiblemente ahora no. Hace 30 años, sí. Al final vamos donde haya que ir para trabajar. Y en aquella época había unas escuelas de formación de actores que me interesaban mucho. Yo acabo yéndome a Juan Carlos Coraza, con Candela también. Y no cabe duda de que eso también nos sirvió de impulso para nuestras carreras.

¿Estás satisfecho de las decisiones que tomaste?

Sí, sin duda. Lo de la nominación al Goya también me ha servido para mirar hacia atrás y valorar todo ese recorrido. Veo que lo estoy consiguiendo, porque uno nunca llega al final, siempre tienes más cosas que aprender, más personajes que hacer. Y también sabiendo que esto es una montaña rusa.

Mirando hacia adelante, ¿qué te gustaría hacer que no hayas hecho hasta ahora?

Me queda muchísimo. Me gustaría tener mejores papeles, personajes que tengan mucha más carga, más intensidad. Todavía me falta que alguien se atreva a confiar en mí para darle voz a un personaje importante. En teatro, más o menos, creo que lo voy consiguiendo y es un poco un refugio de libertad para mí. Es el templo donde sanar las heridas y donde sentirte realmente libre.

Y también tienes tu parte de escritor…

Lo tengo un poco aparcado, la verdad. No es que haya dejado de escribir porque con mi mujer estamos haciendo un guion cinematográfico y llevamos los dos últimos años desarrollando ese proyecto. También me gustaría poder escribir algo de teatro, para lo que tengo ahí, notas y un proyecto inacabado. Tiempo al tiempo.

Vellido

EN CUATRO DATOS…

Juan Carlos Vellido (Gavà, 1968) llegó a la interpretación sin buscarlo. Su pasión era la música, pero tenía amigos en un grupo de teatro amateur de Gavà a los que acompañaba en las actuaciones y echaba una mano cargando y descargando o montando decorados. Hasta que un día le ofrecieron actuar en una obra, aceptó y le picó el gusanillo. Después de pasar por la escuela de Nancy Tuñón junto a Candela Peña, se trasladó a Madrid cuando tenía 24 años para seguir sus estudios y buscar el trabajo que en Barcelona no encontraba. Allí sigue, allí ha formado una familia y ha desarrollado una carrera en el cine, el teatro y la televisión con directores como Jordi Mollà, Guillermo del Toro o Manuel Huerga y hasta ha llegado a participar en Piratas del Caribe. Su primera nominación a los Goya llega con un papel el film “Bajo terapia” que ya había interpretado en el teatro en 2015. Además, tiene tres libros publicados.