Hace poco falleció Pepe Mujica, un referente político, social, ético y humano. No contaré su vida, ya que es conocida (y se puede buscar en internet), pero considero importante destacar por qué debemos recordarlo y el valor que aportó a la sociedad. Pepe tuvo un pasado de lucha contra la desigualdad e injusticias, arriesgando su vida por sus ideales y aceptando la democracia como el camino para conseguir una sociedad justa; esto lo convirtió en una persona con una enorme coherencia entre sus palabras y sus actos. Como político de izquierdas estuvo a favor de la equidad y la justicia social, con un discurso humanista que tenía repercusión a nivel global.
Todo eso le construyó como referente para mucha gente. ¿Por qué? Pues porque él vivió una época oscura, de miedo y represión, y aún así, demostró que se puede tener esperanza. En un mundo de desconfianza política, Mujica demostró que siempre queda una luz y se puede devolver la política al servicio de la gente. También demostró que, entre tanto cinismo, podemos ser un faro de valores, trabajando con humildad y sentido común. Y esto lo hizo promoviendo el diálogo y la tolerancia, en lugar del odio que algunos partidos de extrema derecha usan para enfrentarnos a un@s con otr@s, ya sea por motivos de religión, nacionalidad o color de piel. Un diálogo que nacía desde un pensamiento crítico y profundo, que analizaba la realidad social y permitía al interlocutor/a plantearse preguntas reales sobre el sistema en el que vivimos, la economía o la política. Un pensamiento que le hacía trabajar por un mundo más justo, sostenible y humano.
Necesitamos referentes, gente que ilumine el camino y que nos dé esperanzas en medio de tanto odio y tanta crispación. Necesitamos más Mujicas. Que la tierra te sea leve, compañero



