Article opinió Vox octubre 2023
Marc Cívico, portaveu de Vox

A raíz de las movilizaciones de las últimas semanas se está hablando mucho de vivienda. Se pone el foco en el alquiler cuando habría de ponerse en la propiedad.

Casi todos los españoles hemos nacido en hogares en propiedad. Y hemos disfrutado de las ventajas asociadas a ello: estabilidad, arraigo, ahorro, autonomía, libertad, poder para las familias, sentido de pertenencia, vida de barrio, etc. La familia o la comunidad son vistas como una cárcel. Y lo que te vincula a ellas es la propiedad. ¿El modelo de la izquierda? El norte de Europa: una sociedad fragmentada e individualista con muchos inquilinos perpetuos y pocas familias dueñas de sus casas. Allí los caseros son los alcaldes y un puñado de fondos y millonarios. Todo lo contrario que una sociedad con la propiedad (y sus virtudes) lo más extendida y distribuida posible.

La izquierda siempre estuvo fascinada con ese modelo del «casero alcalde» y con la flexibilidad vital que ofrecía el alquiler, que se veía como algo liberador de todo compromiso o responsabilidad. ¿El resultado? Un ciudadano aislado, nómada, cliente del poder y sin nada que legar. A la derecha del dinero le entusiasmaba la paulatina sustitución del capitalismo productivo por el financiero. Su modelo ya no era empresa y trabajo duro, sino libre circulación global de personas y capitales, destruyera lo que destruyera (industria, campo, barrios, vivienda…)

Por todo lo anterior, la mirada sobre la vivienda no puede ser exclusivamente económica, o urbanística o jurídica. Pues estaríamos olvidando la parte más importante: la antropológica, el cómo vivimos. Si estables y con raíces, o dando tumbos sin un lugar al que volver.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PUBLICITAT