¿Cómo se siente esto de tener libro propio en la calle?
Es una experiencia que da mucha satisfacción porque detrás de este libro hay casi tres años de trabajo. El panorama editorial está pasando unos momentos muy malos y es un lujo publicar y, además, sin tener que poner dinero.
¿El título, Sentido sin alguno, nos revela intenciones o es puramente estético?
Es la clave del libro. Es el título del primer relato y también lo divide en tres partes: Sentido para los textos más realistas, Sin para los más surrealistas y Alguno para los relatos que contienen algún tipo de historia de amor. La idea que inspira el libro parte de Shakespeare, que dijo en Macbeth que la vida es como un cuento contado por un idiota lleno de ruido y de furia. Vaya, que estamos arrojados a la vida para la muerte. Me interesaba explorar todas las excusas que inventa el hombre para no pensar en esa fatalidad.
¿Por qué te decantaste por los microrrelatos?
Empecé a escribir cosas más largas, pero con el tiempo y el trabajo ya no podía escribir cuentos. Descubrí el género a través del auge que ha tenido en blogs y bitácoras. Es un espacio que le va muy bien a este tipo de textos, porque 100 o 200 palabras se pueden leer tranquilamente. Un cuento de cuatro páginas nadie lo va a leer en una pantalla.
¿Vivimos un buen momento para el microrrelato?
Los ha habido siempre. Algunas rarezas de Juan Ramón Jiménez o García Lorca hoy se pueden considerar microrrelatos. Pero, con el boom de internet, han aparecido muchos jóvenes que se inician en la escritura por el relato breve. A su vez, escritores reconocidos también se están adentrando en este género. Está en auge porque se adapta al tiempo escaso que tenemos.
En internet funciona… ¿y en papel?
A nivel global creo que es necesario, imprescindible, que el género breve dé el salto al papel, más si pretende equipararse con otros géneros. La red, las nuevas tecnologías, favorecen al relato breve, sin duda, pero una exposición excesiva y singular podría ser a la larga perjudicial.
¿Hay instrucciones de uso para relatos tan breves?
En este género, cuanto más corto es el texto, más despacio se ha de leer. Es un libro para degustar poquito a poco: dos o tres relatos al día. No más. El escritor Ginés Cutillas lo equipara con el coñac. Te puedes tomar uno o dos, pero como te tomes tres…
¿Cuál es el truco para conseguir el microrrelato perfecto?
Es la pregunta del millón. Si la supiera, hubiese escrito uno y ya está. Desde luego, tiene que tener un inicio impactante. En la primera línea es donde se juega el ser o no ser. Luego debe plantear un conflicto y resolverlo. Y al mismo tiempo que lo resuelves, crear otro conflicto para que no sea un texto cerrado, sino que deje al lector pensativo.
No vives de la escritura. ¿De dónde sacas el tiempo
No soy muy romántico escribiendo. Suelo hacerlo por las noches, con el portátil en el sofá y con la tele de fondo. Lo bueno del microrrelato es que son historias fugaces, que tienes que coger al vuelo. Si tengo el principio y el desenlace ya no me supone ningún reto desarrollarlo. Pero eso no quiere decir que se pueda escribir en cinco minutos, ni mucho menos.
¿Y cuál es el proceso para escribirlos?
Si la idea viene muy fluida la escribo como salga y a partir de ahí voy puliendo, quitando lo que no es necesario hasta conseguir un texto donde no haya ni una palabra de más ni una de menos. De hecho, ahora, releyendo el libro seguro que tocaría algunas cosas. Es un proceso de nunca acabar.
Tercer hermano en esto de la cultura ¿Cómo lo lograron tus padres?
No lo sé. Debe haber una especial sensibilidad. Mi padre ya fue corresponsal periodístico en tiempos de la transición y en casa siempre hubo libros. Pero debo decir que con mis hermanos apenas hablamos de estos temas. Quizás es algo genético (ríe).
¿Y no os planteáis colaborar entre vosotros?
Ya lo hemos hecho. He participado en el último festival Acróbatas, que organiza Rubén y sí que le he comentado a Alejandro la posibilidad de musicar algunos relatos. Él ya lo ha hecho con Jaime Gil de Biedma, aunque no me quiero comparar (ríe). Creo que este género se complementa bien con otras expresiones artísticas, como la música o la fotografía. Incluso hay buenos anuncios publicitarios que se pueden considerar microrrelatos audiovisuales.
¿Vas a escribir cosas más largas?
La verdad es que he acabado un poquito harto del tema breve. Ha sido mucho trabajo creativo y de corrección. Estoy pensando en algo más extenso, ya sea una novela o una serie de cuentos. Pero me gustaría algo sin tanta intensidad, más pausado. No obstante, seguiré escribiendo microrrelatos, porque en definitiva las historias surgen, se desnudan, y yo no soy nadie para resistirme a sus encantos.





