Elba

Nos encontramos en la playa de Gavà en una tarde ventosa, como casi todas, cuando el sol ya está cayendo. Elba viene de entrenar en Premià, donde ha encontrado un club para poder seguir adelante en el vóley playa después de una intensa experiencia en Lorca. Aunque está cansada, llega sonriente e ilusionada. Regresar a casa ha sido una buena idea.

¿Qué significa este lugar para ti?

Me preguntaste si nos veíamos en pista o en playa. Y aunque es verdad que he jugado mucho a vóley pista, al final me decanté por la playa porque me llena mucho más y es donde me siento más a gusto y tengo más trabajo que hacer. En la pista somos seis jugadoras, en la playa solo dos y tengo mucha más responsabilidad, que es lo que me gusta.

¿Y qué tal la playa de Gavà para jugar?

Está muy bien. El único problema es el viento porque durante todo el año sopla mucho. Pero bueno, también está bien entrenar con viento para cuando te lo encuentras en una competición.

¿Cuándo te recuerdas por primera vez interesada por el vóley?

Nunca estuve realmente interesada en el vóley (ríe). Fui obligada con mi hermana mediana a un entreno de prueba en el CV Gavà. A ella le gustó mucho y a mí no me gustó nada porque me pusieron en un equipo donde todas las niñas ya sabían jugar y tenía la sensación de que se reían de mí. Y no quería volver. Pero, por mi hermana, nos apuntaron a las dos, se me dio medio bien y me empezó a gustar.

¿Cómo pasa algo de no gustarte nada a gustarte tanto?

Es darle la oportunidad al deporte y, claro, que se te dé bien. Porque si sigues probando una cosa por cabezonería, pero te falta talento, yo creo que te acabas rindiendo. En mi caso, creo que ha sido un 10% de talento y un 90% de trabajo. Yo miro atrás y no me creo lo que he llegado a conseguir.

¿Por qué piensas que destacas?

Siempre me han dicho que tengo mucho salto. Es verdad que soy bajita para el vóley, mido 1,76, pero mi virtud siempre ha sido el salto. Es algo natural y creo que es lo primero que ven los entrenadores, pero hay muchas más cosas detrás.

¿Por ejemplo?

Soy una jugadora muy comprometida. Si tengo un objetivo voy a hacer lo posible para lograrlo.

Has pasado un tiempo en el CAR de Lorca. ¿Cómo valoras esa experiencia?

Mi cabeza ha madurado mucho desde que entré en verano de primero de bachillerato. Lo veo muy lejos, aunque solo hayan pasado tres años. Al principio cuesta adaptarse a entrenar cinco días a la semana, era muy duro a nivel físico, pero al final me encantó. Veía mucha mejora y por eso aguanté.

Pero ahora has decidido volver a casa…

Sí. Daniela, mi compañera en vóley playa, y yo nos pusimos de acuerdo para irnos porque a las dos nos encantaba lo de machacarnos, pero al final, más que machacarnos en la arena, nos estábamos machacando la cabeza. Veíamos que no llegábamos a conseguir nuestros objetivos y que no estábamos del todo a gusto con las más pequeñas… y decidimos marcharnos. Fue algo simultáneo. Ya habíamos tenido suficiente, habíamos aprendido muchísimo. No me arrepiento nada de haber ido, aunque lo pasase mal. Ahora me veo mucho más madura, como persona y como jugadora.

¿Y qué tal el regreso? Aunque dices que no te ven mucho en casa…

Estoy entrenando en Premià, pero también soy entrenadora en Gavà. Así que tengo las jornadas tan llenas que no me ven el pelo (ríe). Y también por los viajes, que en verano son muchos. Además, hemos logrado un patrocinador y hemos jugado varios torneos internacionales. Estamos muy contentas.

Nombras a tu compañera con los ojos brillantes. ¡Háblanos de ella!

Yo llevaba un año en Lorca cuando ella llegó. Éramos las dos mayores y eso, quieras o no, te junta más. El entrenador vio esa química y nos ponía juntas también para entrenar. Fue algo natural. Y es sorprendente, porque dos chicas de nuestra edad que pasan más tiempo juntas que con su familia o sus novios o lo que sea… pues parece que deberían tener mucho conflicto y no, es una relación muy sana. Y hemos tenido mucha suerte. Creo que nos llevamos tan bien porque ambas tenemos el mismo objetivo personal y deportivo.

¿Volver juntas era imprescindible?

Es que en vóley playa necesitas a esa persona porque, si no, es un lío buscar pareja nueva o ir cambiando. Y yo tuve la suerte de encontrar a la compañera con la que hago todo ahora, que es Daniela, y que dio la casualidad de que también era de Barcelona.

Pero habéis tenido que empezar de cero…

Tenemos muchísimos conocimientos, pero a nivel físico no estamos ni la mitad de bien que estábamos allí, es verdad. Al final hemos venido aquí arriesgándonos a tener menos tiempo porque ella vive en Alella y yo en Gavà.

Y también de cero en los ránkings…

Claro. En los torneos entramos como últimas o penúltimas. Y te tocan cruces contra las mejores, por eso es muy complicado arrancar.

¿Cuál es vuestro objetivo?

Los torneos internacionales Future son nuestra prioridad. Estamos rindiendo bien, pero nos falta aún la experiencia que hace la diferencia. A largo plazo, queremos mantenernos en el top 10 español y, a nivel internacional, poder conseguir pasar de previas de los torneos e ir cogiendo experiencia y puntos para acabar haciendo alguna medallita. Eso nos encantaría.

En tu regreso a casa, también has vuelto al CV Gavà…

Me sorprendió mucho porque fui a pedir trabajo y Jaime Sierra, el presi, me empezó a explicar que estaba montando la sección de vóley playa y que necesitaba a alguien que la llevase. Y, claro, yo era la persona indicada. Ahora estoy con equipos de pista y todo el club me lo está poniendo muy fácil. Estoy supercontenta de haber vuelto. Hacía años que no pisaba ese pabellón y me acogieron como el primer día.

¿Cómo va la cosa del vóley playa en el CV Gavà?

Pues hicimos un mes y medio de entrenos, durante julio y agosto, y fue bastante bien. El ambiente del vóley playa me encanta y entrenar a gente que esté interesada es genial. El problema es que en verano juega mucha gente, pero en invierno ya da más pereza por el viento, porque hace frío y porque anochece pronto. No es viable entrenar todo el invierno en la playa. Entonces, estamos esperando a que haya un milagro y logremos pistas artificiales en algún lugar de Gavà. Sería un placer.

¿Cuál es tu mejor momento jugando al vóley?

¡Qué fuerte! En mi segundo año en el Barça quedamos subcampeonas de una Copa de España y eso me hizo llorar de la emoción. Pero es que lloraba cuando perdía y cuando ganaba, porque era pequeña, así que lo tengo en el recuerdo mucho más intenso de lo que creo que fue.

¿Y en la playa?

Sobre todo los viajes que hemos hecho. Y siempre con mi compañera al lado, el mayor regalo que me ha dado el vóley en general. Y todos los recuerdos que vivo con ella son para siempre y son muy bonitos.

EN CUATRO DATOS
Elba Páez (Gavà, 2004) no iba para jugadora de vóley, pero el destino quiso que se acabase convirtiendo en una de las mejores de España en su categoría. Siempre ha destacado y eso le ha permitido avanzar en su carrera deportiva. Jugaba en el CV Gavà cuando, en un campus, la vio un entrenador y se la llevó al Barça. Allí estuvo seis años y logró los primeros títulos. Y en un campeonato de España, que se disputaba en el Centro de Alto Rendimiento (CAR) de Lorca, le dijeron “te quieren aquí”. Y allí se quedó un par de años, con las mejores, llegando a disputar campeonatos del mundo de vóley playa sub 18. Toda una experiencia que le sirvió para conocer a su compañera de fatigas, Daniela Andreu, y para volver a casa con fuerza. Ahora está centrada en el circuito internacional Future, donde va logrando hacerse un hueco, siempre junto a Daniela. También está estudiando psicología online.

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