1,6 millones de seguidores en TikTok, 1,2 en Instagram y 522.000 suscriptores en Youtube lo convierten en uno de los gavanenses con más éxito en redes. Y, con esas cifras de escándalo, nos lo encontramos en su parada familiar de MercaGavà, trabajando como uno más preparando y vendiendo pollo. Nos atiende en una pausa y luego sigue con su rutina. Las redes sociales le han cambiado la vida, pero ha escogido seguir siendo el pollero del barrio.
¿Qué significa este lugar para ti?
Una responsabilidad. Estamos alimentando al pueblo y un objetivo importante para nosotros es que tengamos buen producto, que se vea bien, que se vea todo limpio y siempre con la mejor calidad. Todo lo que representa un mercado tradicional.
¿Cómo llegas hasta esta parada?
Yo empecé con la pastelería y me gustaba mucho. Me tiré unos siete años en ese sector. Y, cuando conocí a mi mujer, que es la tercera generación de esta pollería, cambié los pasteles por los pollitos. Y así vamos (ríe).
Del dulce al pollo hay un cambio…
Sí, pero siempre me ha gustado el mundo de la alimentación. Aquí, aunque es una pollería de producto fresco, también hacemos un montón de elaborados y eso me permite crear nuevos sabores… de croquetas, por ejemplo. Eso mola mucho.
¿Y el cambio de Sabadell por Gavà?
Gavà me encanta. Yo ya no me muevo de aquí en la vida (ríe). El ambiente del pueblo es muy chulo y tenemos el mar y Barcelona cerca, una posición privilegiada. Y se nota que es una ciudad muy bien cuidada… Me gusta mucho.
¿Cómo acabaste en las redes sociales?
Fue por la pandemia. Entonces mi Instagram, el que ahora es Ismael Cocinillas, era el de La Botiga del Pollastre. Mi objetivo entonces, como tenía un poquito más de tiempo, fue hacer recetas con el producto fresco que tenemos y enseñárselas a los clientes. Y así empecé, para potenciar el negocio.
Pero, en pandemia, seguías en la parada…
Aquí veníamos todos los días con la mascarilla, porque era algo primordial, como los hospitales. El mercado es un bien de primera necesidad.
¿Cuándo explotó la cosa de las redes?
Me tiré un año haciendo recetas, como hobby, pero un día se me escapó de las manos porque una receta se hizo viral. Y en un mes tenía 100.000 seguidores y se fue la cosa de madre. Las marcas comenzaron a aparecer y querían que hiciese publicidad, y eso me pilló de nuevas, porque yo no tenía ni idea de nada de este mundo. ¡Yo era el pollero del barrio! Y la gente me empezaba a reconocer por la calle y todo era un poco raro. Entonces fue cuando cambié el nombre de las cuentas de la tienda a Ismael Cocinillas. Aunque seguimos teniendo el Instagram de la pollería, lo separamos porque se abrió otro modelo inesperado de negocio.
¿Cuál fue la receta que te hizo viral?
Las culpables fueron unas bombas de patata y queso. En cuestión de dos días ya tenían diez o doce millones de reproducciones. Miré el móvil y dije: “¿Qué pasa aquí?” Si tenía mil seguidores y ahora tengo 50.000… Aquellos días fueron una locura, pero luego ya lo fui encaminando con constancia y trabajo. Pero para llegar hasta ahí había habido mucho trabajo previo que no veía tanta gente. Las clientas, sí, ¿eh?, que ya les decía que le dieran like (ríe).
¿Qué crees que tienes para lograr esas cifras?
No sé cómo explicarlo. La gente tiene que notar que les hablo sinceramente, que soy cercano, que les ofrezco algo sencillo. Eso es algo que siempre me he marcado: ser como soy. Soy el mismo Ismael en Instagram, en la pollería y en la calle. Intento ser siempre cercano y pensar en todos los públicos, poniéndolo fácil, porque las personas no tenemos mucho tiempo, pero también nos gusta comer cosas que estén bien y darnos un caprichito de vez en cuando. Intento ser como un amigo que te lo explica en casa. ¡Y que la comida tenga buena pinta, claro! Si te sale un churro, no creo que le guste a nadie (ríe).
¿Sientes mucha presión por mantener el nivel?
Bueno, ya son cinco años con esto. Es verdad que, al principio, sí que es difícil de gestionar. Además, esto es muy variable, con épocas muy buenas y épocas muy malas. Hay que tener los pies en la tierra, verlo como un trabajo más, no esperar resultados y ya está. Pero hay que saber gestionarlo porque no se sube hasta el infinito ni vas a tener siempre las mismas reproducciones. Yo lo veo como un trabajo más. Igual que vengo a mi negocio cada día, también hago mi video, lo subo y, si va bien, bien. Y si no va bien, pues nada… a ver el siguiente.
¿Y cómo llevas el hate?
Pues no tengo mucho, por suerte, porque la comida es comida. Siempre hay alguien que dice que no le gusta lo que haces, pero bueno… a lo mejor mañana subo algo que le gusta más (ríe).
¿Te has planteado dejar la pollería para dedicarte solo a redes?
No. De aquí no me mueven. Me encanta venir a mi negocio, es algo que lleva ya muchísimos años. No sé si mañana existirá Instagram o TikTok, pero mi tienda seguirá aquí, que funciona bien y mis clientes están contentos. Y, mientras pueda, seguiré trabajando y en Gavà… no me iré a Andorra (ríe).
¿Cómo logras llegar a todo?
Ahora mismo estoy un poco más relajado, porque hay épocas en las que aprieto un poco más. Intento subir dos recetas a la semana, que antes hacía muchas más, pero el tiempo es el tiempo. Saco minutos para Instagram de donde sea porque lo tengo todo centralizado en el móvil: grabo, edito… lo hago todo. Y así aprovecho el tiempo. De camino de casa a la tienda edito un poco, o por la noche en el sofá. Hay que ir rascando lo que se puede. Y me gusta hacerlo todo a mí, personalmente.
Recomiéndanos una de tus muchas recetas…
¡Uf! Qué difícil. Mira, ahora estoy con una serie de bocadillos y es un proyecto con el que estoy muy ilusionado y está funcionando bastante bien. A la gente le gusta porque últimamente se ven muchas hamburguesas o pizzas y he pensado que tenía que potenciar lo que hemos comido siempre: el bocadillo, de un montón de variedades y de diferentes zonas de España. Es un producto muy nuestro.
¿Cómo te ves en un par de años?
Me veo igual como estoy. Me gusta hacer muchas cosas, ir innovando, pero mi estilo de vida es bastante lineal y estoy a gusto con él. Así que seguiré como estoy ahora, haciendo mis recetitas. Y, si a la gente le gusta, ahí seguiré. Y con mi pollito, siempre.
- Si queréis ver la entrevista en vídeo, podéis hacerlo en la web de Gavà televisió.
EN QUATRE DADES
Es Ismael Salamanca (Barcelona, 1993) pero el mundo le conoce como Ismael Cocinillas, un creador de contenido para redes sociales especializado en recetas rápidas y sencillas que ha logrado conectar con más de tres millones de personas desde su parada de MercaGavà y la cocina de su casa, con su rincón lleno de focos que logra agrandar con “la magia de la edición”. Criado en Sabadell, llegó a Gavà hace diez años por amor y se puso tras el mostrador de la pollería de la familia de su mujer, que ya es la suya. La pandemia cambió el rumbo de su vida y lo lanzó a las redes por casualidad. Instagram, TikTok y Youtube se han convertido en su segundo trabajo, porque no ha dejado de estar cada mañana en la parada, vendiendo y preparando pollo. Además de lo online, también ha publicado con Grijalbo un libro de sus mejores recetas que resume su espíritu en redes: “Con mucha hambre y poco tiempo”.





