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Aprovechamos un hueco entre clases para encontrarnos con Noah Granados en el que es uno de los lugares en los que pasa más horas cada día, el Institut El Calamot. Su profesor de filosofía, culpable de la exitosa participación en la Olimpiada, nos busca una clase para poder hacer la entrevista que se llena de otros profesores y compañeros de clase que quieren verla. No parece ser una gran presión para Noah que parece estar totalmente tranquilo en cualquier situación. Quizás uno de los motivos por los que convenció a los jurados que lo proclamaron ganador.

¿Qué significa el lugar donde estamos, el Calamot, para ti?

He pasado muchos buenos momentos aquí, con mis compañeros. Conocí a buenos profesores y me llevo muy bien con todo el mundo. Llevo cinco años de aquí y estoy bien, muy cómodo, es un buen instituto.

¿Cómo surgió lo de presentarse a la Olimpiada Filosófica?

Todo empezó con Miguel Ángel, el profesor de filosofía. Nos introdujo en el tema del ocio, que era al que se dedicaba la Olimpiada de este año, y nos enseñó cortos de otras ediciones. Después nos explicó algunas cosas más alrededor del guion cinematográfico y ya empezamos a hacer nuestro propio guion en grupos en clase. Así empezó todo.

Y de ahí salió un corto destinado al éxito…

Sí. Creo que el nuestro salió bastante bien porque contamos con ayuda de amigos míos que están estudiando en la ESCAC. Uno de ellos nos prestó buen material para el rodaje y creo que eso ayudó mucho. El vídeo lo grabamos con buena cámara, buen sonido y buena iluminación. También creo que sacamos un buen guion.

Y tú fuiste el encargado de presentarlo…

Sí. Y salió bien porque gané el primer premio de Catalunya en vídeo y ya quedé nominado a la de España. Una vez allí, en Bilbao, te dicen los tres finalistas. Salí entre ellos y tuve que defender de nuevo mi postura con un texto preparado. Y, por suerte, gané. Bueno, por suerte o por mérito, claro.

¿Cómo es el cortometraje?

El ocio es un tema interesante en la filosofía y también para el cine. En nuestro caso, hicimos una historia en la que hay tres personajes: un agente que llega a una entrevista de trabajo, la persona que le va a hacer la entrevista y una chica extra que simplemente dice una frase, pero que es la que marca el tono del corto. El agente se encuentra con un trabajador que no distingue entre ocio y trabajo y se produce un dilema bastante grande en el que se pregunta cómo puede ser que una persona no haga esa distinción. El personaje que no distingue está como en un mundo completamente paralelo. Parece como un zombi, una máquina que simplemente trabaja. Y entonces el otro agente contraargumenta, le hace entrar en razón y lo desactiva por completo, lo anula. Y acabamos con esa idea. Quedó bien, quedó chulo.

¿Qué es lo que querías contar?

Lo que queríamos era plantear el dilema de qué es realmente el ocio. Si cuando disfrutas de tu trabajo eso es ocio o es trabajo. Por ejemplo, en mi caso, si hablamos de cine, que me encanta, si yo fuese director en un futuro, que ojalá. Estaría trabajando de algo que me gusta, pero no sería ocio, sería un trabajo porque estoy siendo remunerado por mis horas, estoy aprovechando mi tiempo en algo que para mí puede llegar a ser ocio, pero que es trabajo.

¿Qué crees que vieron en tu cortometraje para ser el ganador no solo en Cataluña sino a nivel español?

Soy un poco duro conmigo mismo. Creo que es un buen guion, una buena historia, pero también creo los recursos que tuvimos han hecho mucho a favor del corto. Siendo sinceros, he visto historias que estaban bien, pero que estaban grabadas con un móvil y con un sonido no tan profesional. Entonces creo que esos cortos no van a tener las mismas posibilidades. Así que parte del éxito del corto es que estuvo bien grabado, con planos pensados, con un poco de visión cinematográfica y creo que eso le dio mucho peso.

Una de tus inspiraciones ha sido esa “gran renuncia” que se produjo en EEUU tras la pandemia, con gente que dejó su trabajo buscando algo que les llenase más…

Sí, aunque yo tampoco soy el más indicado para hablar de esto. Porque, siendo sincero, si algo no me motiva mucho, tampoco le echo tantas ganas. Pero sí que ahora hay una corriente que te aconseja que dejes tu trabajo si no te gusta y que empieces a vivir tu vida como quieras. Pero eso no es tan fácil. Tienes que tener o bien oportunidades o bien recursos suficientes para poder dejarlo todo así.

Si tienes dinero, todo es más fácil…

Exacto. Sí, sí… ¡Vamos!

La filosofía es una de esas materias con fama de complicada. ¿Cómo la encaras tú?

Creo que depende un poco del profesor que te toque. Pero con Miguel Ángel hemos topado (ríe). Es cierto que si te lo explican bien, paso a paso, es más sencillo, pero, sobre todo, tienes que quererlo entender. Si no lo quieres entender, es muy complicado. No te voy a decir que es fácil, pero sí que hay temas interesantes que son muy aplicables a la vida real.

¿Pudiste conocer a gente de otros lugares en la Olimpiada?

Sí, sí. Estuvo guay. Fue una experiencia chula porque conoces gente literalmente de toda España. Y flipaba porque venían personas que no conocías de nada y te felicitaban por tu corto.

Me ha parecido entender que en el futuro te gustaría dedicarte al tema cinematográfico. ¿No a la filosofía?

Le tengo cariño a Miguel Ángel. Pero tanto, no. (ríe)

Entonces cine…

Exacto. Es muy fácil decir que quiero ser director de cine, que es lo que quisiera, pero antes hay un camino. Lo que tengo claro es que quiero ir a la ESCAC, a Terrassa. Es una universidad muy chula. Conozco a gente que estudia allí y sé que los rodajes son muy profesionales y que aprendes mucho de cine. Así que creo que es la mejor opción. Pero claro, una vez allí puedo pensar que en lugar de director, puedo hacer de guionista, producción, cualquier otra cosa. Hay muchas salidas, sobre todo ahora porque hay cada vez más plataformas en las que se genera cine.

¿Lo llevas bien para poder entrar?

Uf, no sé. Podría llevarlo bastante mejor. La nota no es tan alta, pero sí que varía mucho. Entonces me tengo que poner a estudiar y a sacarlo. Como sea.

¿Por qué te interesa el cine?

Desde pequeño me llamó mucho la atención y ya jugaba con mis padres a interpretar cosas. Y también he visto un montón de cine de todo tipo y siempre ha sido algo que me ha gustado. Después descubrí que había oportunidades reales de dedicarse al cine y que puedes tener un futuro más o menos asegurado con un buen sueldo.

¿Cómo te ves en diez años?

Pues ojalá en el cine. Ojalá. Tampoco aspiro a ser famoso, ¿eh? Con vivir de ello ya sería un puntazo.

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EN CUATRO DATOS…

Noah Granados encara ya la recta final de sus estudios en Gavà, en el Institut El Calamot, donde cursa primero de Bachillerato. Y ya tiene muy decidido su siguiente paso, en el que quiere estudiar para dedicarse al cine en un futuro que cada vez se acerca más. Quizás eso es lo que le ha llevado a realizar un cortometraje que ha logrado ganar la Olimpiada Filosófica dedicada, este año, al ocio. No solo la catalana, también la española que se disputó en Bilbao. Su profesor de filosofía, Miguel Ángel Gallardo, le ha acompañado en todo ese camino y también le ha entrenado para mejorar su dialéctica y lograr comunicar adecuadamente sus reflexiones alrededor del ocio y el trabajo. Tanto en su corto como en la vida, Noah lo tiene claro, no hay que confundirlos ni caer en la trama de ese trabajo que gusta tanto que invade nuestro tiempo de ocio.

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